Yo me lo cuento

Yo me lo cuento

 

  1. Morir o dejar de vivir
  2. Ya lo dijo Darwin
  3. Nicolás
  4. 2021
  5. asalto al capitolio de EEUU
  6. mujeresdecine
  7. Listas
  8. Volver a la tierra

Morir o dejar de vivir

Pocas veces pensaba yo antes en la muerte, y pensaba entonces que, llegado el momento, sería preferible dejar de vivir envejeciendo poco a poco que morir súbitamente sin ser consciente uno que se muere; observando el proceso de envejecimiento de mis familiares y conocidos mayores me parecía que era más plácido y menos cruel el deterioro progresivo de facultades físicas y mentales, hasta dejar de vivir por cansancio y agotamiento. Morir sin embargo de repente o en corto plazo por enfermedad o accidente imprevistos, a destiempo, me parecía una alternativa más cruel e injusta. Ahora, que el viejo enfrentado a la pronta posibilidad de la muerte soy yo, ya no estoy tan seguro y podría ser preferible la muerte súbita a ir concienciando la pérdida lenta e implacable de la dignidad y la vida. El que muere súbitamente se muere de una vez y sin saber cómo, cuándo ni porqué, solo los allegados son conscientes y sufren la pérdida. La muerte consciente y solitaria de Iván Illich que describe Tolstoy es la forma lúcida pero terrible de ir perdiendo la vida, casi mejor morir.

Ya lo dijo Darwin

Desde hace semanas me veo como algo biológico, como un producto más de la evolución; hasta ahora nunca me había visto así; conciencio mis dolencias propias de la edad como algo fisiológico de la especie a la que pertenezco, algo natural que se ha venido repitiendo en todos los seres a lo largo de millones de años; y curiosamente al verlo de esta forma me agobian menos mis problemas de huesos y articulaciones, de visión, de memoria y equilibrio, mi fascitis que me hacen ir por la vida como un perro cansado. Pe gusta verme más como un león solitario sentado contemplando con nostalgia la estepa poblada de bulliciosos y salvajes animales, impregnados de esa indómita juventud de la que el viejo león ya no puede participar. Es el ciclo natural de la vida.

Nicolás

Me he propuesto ayudar algo, aunque sé que es poco pero algo, al inmigrante del supermecardo, es un nigeriano negro, alto y grande, parece muy joven aunque con la mascarilla es dificil precisar su edad; se llama Nicolás y pide ayuda a la puerta con una voz que quiere ser angustiosa, sin acento aunque apenas habla español, lo cuál es raro (lo de no tener acento quiero decir), parece poco empático pero luego cuando hablas con él parece un tipo simpático y listo De repente he visto claro que tenía que ayudarle; hay pocas cosas que me afecten más y me produzcan más rabia que las imágenes diarias en TV de inmigrantes, niños, mujeres, jóvenes, que imagino desesperados llegando a las costas españolas, o los cadáveres de muchos de ellos en las playas; cómo podemos permitir una cosa así; suelo colaborar periódicamente con 3 o 4 ONGs que se preocupan de inmigrantes y de los problemas del llamado tercer mundo (Médicos sin Fronteras, ACNUR, Amnistía Internacional, Unicef), pero ahora me he dado cuenta que tengo a uno de esos inmigrantes pidiendo ayuda aquí abajo a la puerta de mi casa. Le he preguntado porqué no trabaja, ingenuo de mí, no tiene papeles y me ha explicado que para conseguirlos bastaría con un contrato de trabajo; y también o como alternativa unos mil euros, no he entendido bien si es para pagar a algún intermediario. En estos tiempos que corremos imagino que lo tiene muy difícil e irá para largo lo de conseguir papeles y trabajo, así que mientras he decidido ayudarle; hay algunas, no muchas pero bastantes personas que entran y salen del supermercado que ya le están ayudando, la mayoría con especies que compran en el supermercado; desde hace días tiene siempre un par de bolsas que deja a la entrada y que va llenando con los productos que le entregan; el otro día le pregunté qué necesitaba, tiene dos hijas pequeñas, y me respondió que zumo, leche le pregunté o zumo de naranja y eso zumo de naranja era lo que quería y le compré.

Octubre 2021.- Hemos vuelto de mis vacaciones en El Toyo y en Isla Antilla (playas que parecen vígenes, agua rejuvenecedora, puestas de sol infinitas) y Oh! sorpresa, Nicolas ya no está, ha desaparecido del paisaje del centro comercial donde mendigó durante más de un año. Quiero pensar que ya tiene papeles y trabaja, o ha emigrado a lugares más propicios. Otra posibilidad sería terrible.